Cronología del narco en Sinaloa

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Su fortuna, según, sigue considerada por Forbes. De modo que los aseguramientos que se anuncian con bombo y platillos a sus mujeres e hijos, son como quien “le quita un pelo al gato”.

 

Desde los años 60 nadie había alcanzado la “categoría” de comandante en jefe de los carteles. 

La película El Padrino con todos sus intríngulos, es una versión que palidece al lado de lo ocurrido a México cuando se inicia la colombización. Cuando el intercambio se vuelve complicidad de largo alcance.

Se tejen las más intrincadas historias que apuntan hacia Sinaloa, en el imperio,  después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se inicia la guerra de Vietnam, a la que hasta bautizan como  la de los caballeros, etapa en la que ingresa el mayor número de armas a la entidad,  por los años, 50, y que se recrudecen en los 60 y 70, cuando empiezan a llamar a la colonia Tierra Blanca, de la ciudad capital, con el mote de “chicaguito” por la violencia que se desata,  más fuerte a finales de los 70, cuando lo común era las disputa por el terreno, los enfrentamientos carro a  carro, o los avisos con descargas de metralletas, como aquellas que dejaron su huella en las paredes de la vieja funeraria San Martín, frente al Parque Revolución.

Etapa en la que como estudiantes, al menor  ruido de las detonaciones sólo se escuchaba la exclamación ¡pecho a tierra!  Para salvar el pellejo. Años en los que se vivieron escenas dantescas frente a, en  ese entonces, recientemente inaugurado hotel Executivo, y más acá a finales de los 80 y los años 90 por los rumbos del viejo Malecón donde muere hasta un pobre vendedor de elotes asados.

Las violaciones y la siembra de armas, los chivos expiatorios, fueron historias que muchos guardamos en la memoria, hechos regularmente registrados en la sierra, de los sufridos municipios de Badiraguato, Sinaloa de Leyva, El Rosario.

Para nadie es ajena esa etapa cercana en la que, hay que agregar, empezó la deformación mental, “tanto tienes, tanto vales, nada tienes, nada vales”.  La gente perdió su capital obsesionada por agrandarlo por los altos intereses que ofrecían nacientes “financieras”,  entre otras,  la Capricornio, El Arbolito, el Chino Quintín Ley personaje que se perdió y nadie sabe nadie supo donde paró y si todavía vive a costillas de los capitales de sus víctimas, hasta de pensionados, pero en ese entonces, la forma más fácil también, de lavar dinero mal habido.

Años  en la que personas antes de bien, se deslumbraron por el “dinero fácil”.  Se vieron envueltas en este sucio negocio de llevar oculto el opio bajado de Badiraguato o de Durango, en blas negras que transportaban sin recato en las tranvías,  hasta en los entonces famosos tubos  que enchinaban el  pelo, cómplices del ingenio de las delictivas ambiciones, o de igual manera, los envíos de hortalizas que pasaban sin reservas y en los que se amasaron enormes fortunas con el tráfico de drogas. Hay testimonios de detenciones de empresarios o de cómplices de ellos,  que se negaron a ver el gran daño que causaban.

Empieza la debacle de los valores y se apodera de la gente, que otrora se apartaba de los dueños de estos capitales con la famosa frase “húyeles como de la peste”, y que finalmente permeó  a la sociedad trastocando la conciencia en la idea de que era para los gringos, allá estaba la alberca, por lo que para que cesen los envíos ¡¡¡ciérrenla ¡!! Como declaró Luis Echeverría, y que se pensó que aquí nunca se daría el consumo.

¡Oh falacia! ¡Oh que gran olvido del eterno bumerang!

Y vinieron los Fernández, los Félix Gallardo, los Fonseca, los Rico, los Quintero,  los Salcido, los Arellano (florecen en los años 90), los Fonseca, los Zambada, los Guzmán Loera, los Carrillo Fuentes, los Beltrán Leyva, y todos los cientos de subgrupos contratados para ocuparse del  tránsito,  desaparición forzosa, tortura,  homicidios.

Sube como la espuma la ambición y comienzan los enfrentamientos con el Cártel del Golfo, el de Ciudad Juárez, etc. Lo que parecía ser un “inofensivo”  paso, puente,  de Medellín-México-EUA, y otros países europeos y asiáticos, se convierte en grupos sanguinarios, sicarios imparables.

La Operación Cóndor de finales de los años 70, solamente les hizo cosquillas,  inclusive se detuvo a un gobernador por unas horas para ser investigado, luego, en los años 90, tomó el ejército por asalto  a la policía preventiva (más de 150 elementos detenidos para investigación) un gobernador que  se encontraba buceando en el Golfo de California,  aguantó vara, nadie chistó aunque constitucionalmente se violó la soberanía del Estado. 

Tampoco hubo quejas de esa etapa  de “felicidad” de comerciantes favorecidos por la compra de flotillas de automóviles, camionetas,  implementos agrícolas, de compras de tierras y de ganado, ranchos en Quilá, en Culiacancito, La Palma, etc.  contratación  banquetes con bocados de cardenal, contratación de artistas, orquestas, cantantes, nacionales e internacionales en sus festejos, bodas, quince años, bautizos, etc., todo un derroche sin fijarse en mientes, de emporio para administradores, contadores, abogados,  sanatorios, clínicas de belleza, joyeros, agencias de viajes, etc. Hoy se escuchan lamentos de que bajaron notablemente sus economías y anhelan el regreso de “esos tiempos”. 

 El trastoque total de los valores morales, éticos, el florecimiento del  hedonismo, por lo cual había que acallar voces, las que fueron silenciadas como el caso del  Cardenal  Juan Jesús  Posadas Ocampo asesinado en 1993, con todo y portafolio que jamás se supo de él, de cuyo hecho, no suficientemente satisfecho, se supone, lo que fue desmentido por testigos, enfrentamiento del grupo de Ramón Arellano Félix y de Joaquín  Guzmán Loera. 

En esos tiempos ya Joaquín Guzmán  Loera le había celebrado  a uno de sus hijos, el más pequeño,  en el  salón El Mayab, con lujo de detalles, como quien dice “echando la casa por la ventana” sus primeros 8 años de vida, vestido de Supermán (el Tarzán de antaño); años después asesinado, el dolor más grande que puede infringirse a un padre (el eterno bumerang), el que a hierro mata, a hierro muere.

Superman, sin duda una aspiración que ha encarnado el mismo Guzmán Loera, porque nadie lo encuentra, vuela como Tarzán y no se escucha su grito. Aunque todos dicen, inclusive el cura de Durango  lo declaró sin ambages en el  2003, dos años después del  2001, cuando en el mes de enero, se fugó de Puente Grande, Jalisco,  50 días después  de haber rendido protesta como presidente de la república Vicente Fox Quezada, cuando la prensa publicó que “no lo encuentran porque no quieren encontrarlo”.

La fuga de Guzmán Loera no fue por la del Cochi Loco Salcido. No tuvo necesidad de fugarse vestido de mujer. Hay diversas versiones sobre la supuesta fuga del Chapo Guzmán.

 Por esos días, la voz popular narraba que había bajado a un pueblo de la sierra de Durango donde lo esperaba su nueva conquista  -la reina de la Feria de la Canela y La Guayaba que se celebra todos los años en Canelas-, vestido de smoking, para desposarla, y que mientras ello ocurría, centenares de guardias cubrieron las dos o tres horas que duró la ceremonia y una parte del  festejo.  En el mismo helicóptero, narran los que se enteraron, en ese mismo aparato se esfumaron.

Ningún cambio en el rostro de Joaquín Guzmán  Loera.   Cuidado pero no amiedado,  aunque no sereno, sin voltear hacia ningún lado, otros ojos miraban por él, mientras él los tenía puestos en la supuesta nueva esposa.  

Siempre a la caza de la mujer del momento, pero sin desatender a las anteriores, quienes discuten, sin enfrentarse, quien es la preferida de este hombre tan buscado, que no cambia de piel, ni se viste de mujer como el “Cochi loco”,  Manuel  Salcido  Uzeta conocido también como el Gallo de San Juan (su tierra natal en el municipio de San Ignacio) asesinado por colombianos,  implicado, según la investigación, en el robo de 4 de 8 toneladas de cocaína que se transportaban en el barco El Chingorazo. 

Su muerte fue confirmada por su abuela y una sobrina quienes viajaron a Guadalajara para constatarlo; lo que no ocurrió con el señor de los cielos de El Guamuchilito, porque se sigue pensando que Amado Carrillo Fuentes  era más patón que  el muerto que velaron  en La Palma, dicho en una kermesse del templo Guadalupano de ese lugar, por su madrina “es raro, pero mi ahijado era más patón”..

Joaquín Guzmán Loera declarado por la Siedo, fue visto en Los Cabos, donde “se les escapó” y como testimonio detuvieron a  4 de los de él, uno de ellos el piloto. Habrá que preguntarse ¿quién entonces piloteó la nave en la que se les fue el buscado badiraguatense? 

Como narran los corridos del  narcotráfico, prohibidos en las estaciones de radio y TV, mientras que el tema se ha convertido hoy en  “literatura” muy socorrida,  premiada internacionalmente, recurso al que han llegado los “escritores” como si Sinaloa fuese para ellos lo que es para muchos maestros aviadores, la forma de subirse a la ola, convertirse en “héroes de la palabra”; sin siquiera habérseles visto nunca arriba de un helicóptero arriesgando su vida como reporteros, sin medir el peligro, viajando a la “quema” de plantíos de mariguana borrego, o a la destrucción de las hermosísimas flores de amapola, la que se cultiva de marzo a junio,  es decir, en primavera, mientras que la destrucción seguramente se daba, después de que les habían exprimido todo el lechoso líquido.

En esos terrenos florecidos en colores de tenues a fuertes, verde nilo, rosado, rojo fuego, lila, violeta, amarillo,  azul celeste y azul añil,  niños desde muy temprana edad eran o ¿todavía son? capacitados para “rayar” los bulbos con navajitas, y esos mismos niños, historias las hay, después cayeron en el abismo de la drogadicción, como bien lo dijo don Modesto: “de exportadores, nuestros nietos se convirtieron en consumidores y ahí se acabó la familia”. 

Al fin y al cabo, cuando requerían justificar la incursión en estos sembradíos, los niños quedaban fuera de toda sospecha y sólo acarreaban a los chivos expiatorios a los reclusorios y la marea seguía subiendo y enseñoreándose en la sociedad.

Todos los cuerpos de investigación encargados de localizar a los capos de los cárteles de la droga, lectura obligada hasta las más recientes,  han caído en las garras de la ambición, la riqueza les roba el  sueño, se olvidan del  bumerang,  no les interesa construir un futuro promisorio para las nuevas generaciones basado en el trabajo, en la investigación  para una vida más saludable; se han olvidado de la familia, de su comunidad (inexistente en su mentalidad individualista),  de su país, dejaron de ser ciudadanos del mundo, hoy pertenecen al mundo de las sombras.

Por eso, nadie encuentra a Joaquín Guzmán Loera,  el de Badiraguato, incluso sus mujeres saben que vive, pero tampoco ellas saben en dónde está, o si lo saben, lo sabrán por un día (siempre se ha dicho que lo mismo  que se puede hacer de noche, es posible hacerlo de día). 

Entonces,  Joaquín Guzmán Loera no se esconde en la oscuridad, como tampoco su compadre  Ismael “el Mayo” Zambada, ni de Balta Díaz.  Creadores de cientos de empresas, los más hábiles para crear empleos, pero…..a costa de igual o más familias que han perdido a miles de los suyos, o en enfrentamientos, o que han perecido seducidos por la falsa puerta de  los sueños guajiros de la venta de drogas o de caer, más temprano  que tarde en la drogadicción, tampoco lo saben y hasta prenden veladoras para que sigan “perdidos”.

Si se le perdió a Francisco Javier Camberos  Rivera “El Chito”, quien asegura que fue él, únicamente él, quien le ayudó a escapar de Puente Grande, cuando dice que se bajó de su carro Montecarlo (no dijo de qué modelo y si lo pudo comprar con la venta de dulces en el penal) , donde lo llevaba como copiloto y en menos de 15 minutos lo perdió de vista, habrá que considerar, lo fácil que resulta ayudarlo a que escape y luego ….¡nada! 

 

  

 

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