Por Redacción
La más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), publicada por el INEGI este viernes 23 de enero, confirma un deterioro sostenido en la percepción de seguridad en las ciudades mexicanas. A nivel nacional, 63.8 % de la población considera inseguro vivir en su ciudad, una cifra elevada que además representa un aumento significativo respecto a diciembre de 2024. Dentro de este panorama, Culiacán Rosales se consolida como una de las ciudades con mayor percepción de inseguridad del país, reflejando una crisis que trasciende la estadística y se arraiga en la vida cotidiana.
Culiacán: una percepción de inseguridad extrema y persistente
De acuerdo con los resultados del cuarto trimestre de 2025, 88.1 % de la población adulta en Culiacán considera inseguro vivir en la ciudad, colocándola en el segundo lugar nacional, solo por debajo de Uruapan y al nivel de Ciudad Obregón y Ecatepec de Morelos. Lejos de ser un fenómeno coyuntural, el dato confirma una tendencia prolongada: en diciembre de 2024 la percepción alcanzó 90.6 %, lo que evidencia que el temor ciudadano se mantiene prácticamente intacto con el paso del tiempo.
Esta persistencia sugiere que la inseguridad en Culiacán no responde únicamente a hechos aislados, sino a una normalización de la violencia que impacta la percepción social y debilita la confianza en la capacidad del Estado para garantizar condiciones mínimas de seguridad.
Violencia cotidiana y entornos degradados
La ENSU documenta que, a nivel nacional, 48.3 % de la población ha presenciado robos o asaltos, 40.3 % venta o consumo de drogas y 36.7 % disparos frecuentes con arma de fuego en los alrededores de su vivienda. En ciudades con fuerte presencia del crimen organizado como Culiacán, estas conductas no solo existen, sino que forman parte del paisaje urbano, reforzando la percepción de riesgo permanente.
El resultado es una ciudad donde la violencia deja de ser excepcional y se convierte en parte del entorno diario, afectando la convivencia social, la actividad económica y la vida comunitaria.
El miedo redefine la vida diaria
La inseguridad también se expresa en la modificación de hábitos. A nivel nacional, 42.5 % de las personas dejó de portar objetos de valor, 37.1 % evita caminar de noche cerca de su vivienda y 38 % restringe la movilidad de menores por temor a sufrir algún delito. Estos cambios revelan un repliegue social profundo que, en ciudades como Culiacán, se traduce en espacios públicos abandonados y una vida urbana condicionada por el miedo.
Los espacios donde más se concentra la percepción de inseguridad son los más cotidianos: 72.3 % de la población se siente insegura en cajeros automáticos, 64.9 % en calles y transporte público. Es decir, el temor no se limita a zonas específicas, sino que invade los trayectos básicos de la vida diaria.
Autoridades rebasadas y confianza fragmentada
Uno de los factores que explica la permanencia de Culiacán entre las ciudades más inseguras es la debilidad de las instituciones civiles de seguridad. Mientras la Marina, el Ejército y la Fuerza Aérea mantienen altos niveles de confianza ciudadana, la percepción de efectividad cae drásticamente en las policías estatales y municipales.
Esta brecha evidencia una dependencia creciente de las Fuerzas Armadas y una fragilidad estructural de los cuerpos locales de seguridad, incapaces de generar cercanía, confianza y control territorial sostenido. A ello se suma que 45.4 % de las personas que tuvieron contacto con autoridades de seguridad reportaron haber sufrido actos de corrupción, un dato que erosiona aún más la legitimidad institucional.
Inseguridad y mal gobierno: un círculo vicioso
La ENSU también revela que la inseguridad convive con otros problemas urbanos no resueltos: baches, fallas en el suministro de agua, embotellamientos y servicios públicos deficientes. Solo 29.9 % de la población considera que su gobierno local es efectivo para resolver los principales problemas, lo que refuerza la idea de que la inseguridad forma parte de un deterioro general de la gestión pública.
En este contexto, la violencia no aparece como un fenómeno aislado, sino como el síntoma más visible de una crisis institucional más amplia.
Culiacán como reflejo de un modelo agotado
El caso de Culiacán sintetiza una problemática nacional: altos niveles de violencia percibida, desconfianza en autoridades locales, normalización del miedo y ausencia de expectativas de mejora. De hecho, casi seis de cada diez personas en México consideran que la inseguridad seguirá igual de mal o empeorará en el próximo año, lo que refleja un profundo pesimismo social.
Más que una excepción, Culiacán se ha convertido en un espejo extremo de un modelo de seguridad que no ha logrado reconstruir el tejido social ni recuperar el control efectivo del territorio urbano. Mientras no se atiendan las causas estructurales —corrupción, debilidad institucional, falta de prevención y abandono de las policías locales—, la ciudad seguirá ocupando, trimestre tras trimestre, los primeros lugares entre las más inseguras del país.