Salamanca: la masacre que duró segundos en la agenda nacional
lunes, 26 de enero de 2026
Salamanca: la masacre que duró segundos en la agenda nacional
Por Redacción



Lo que ocurrió en un campo deportivo de Loma de Flores no fue sólo un ataque: fue una ocupación violenta de un espacio comunitario. La tarde del domingo 25 de enero de 2026, hombres armados irrumpieron en una cancha de futbol y dispararon contra quienes estaban reunidos. El saldo: 11 personas muertas y 12 heridas.

Las reconstrucciones difundidas por medios nacionales indican que el ataque se produjo en el contexto de un partido y que los agresores huyeron tras el tiroteo. La mecánica —llegar, disparar, desaparecer— es la misma que se repite en regiones donde el crimen no sólo disputa mercados, también disputa miedo.

Unos segundos en la agenda federal

Este lunes 26 de enero, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el Gobierno de México, mediante el Gabinete de Seguridad, está coordinado con el gobierno de Guanajuato y la Fiscalía estatal para dar con los responsables. Pero también delimitó el mando: la investigación está, por ahora, en manos de la Fiscalía de Guanajuato. Preguntada sobre si el caso sería atraído por la forma del ataque y el armamento, respondió: “Los lleva en este momento la fiscalía de Guanajuato”.

El problema no es la coordinación en sí; el problema es lo que sugiere políticamente: que un asesinato masivo puede pasar por la conversación nacional sin el peso que exigiría una tragedia de esta dimensión.

La cancha como símbolo

Una cancha en una comunidad funciona como punto de encuentro: ahí se cruzan familia, barrio y rutinas. Convertirla en escena de crimen tiene un efecto que va más allá de las víctimas: rompe la idea de normalidad y confirma que la violencia ya no opera “en la periferia”, sino en el centro de la vida cotidiana.

El alcalde César Prieto condenó el atentado y habló de una escalada que Salamanca viene arrastrando. Es una admisión implícita: el municipio está atrapado en una dinámica donde los golpes espectaculares se vuelven posibles porque la violencia cotidiana nunca se desactiva del todo.

El trasfondo: disputa y control

En Guanajuato, distintos análisis periodísticos han señalado que la confrontación criminal responde a la competencia por control territorial y rentas ilegales, con presencia e influencia de organizaciones como el CJNG y el grupo de Santa Rosa de Lima, además de economías delictivas que alimentan la capacidad operativa de los grupos.

En ese marco, atacar una cancha no parece “aleatorio”: es una demostración pública de fuerza, un recordatorio de quién puede imponer reglas en un territorio.

Lo que queda por probar

La urgencia no está en sumar comunicados, sino en romper el patrón: investigar con rapidez, detener, judicializar y evitar que el siguiente ataque encuentre el mismo vacío operativo. Porque cuando una masacre se vuelve posible en un partido de futbol, lo que está en juego no es sólo la seguridad: es la idea misma de comunidad.



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