En la vida de José Rodrigo Aréchiga Gamboa siempre gravitaron las mujeres, de hecho, hasta el final una de ellas fue quien le tendió la mano para lograr llegar a Culiacán, en donde fue encontrado y asesinado. Una de las primeras víctimas fue su expareja, Yuriana Castillo Torres, quien tuvo un trágico final. Otra mujer importante en su vida fue la también finada Claudia Ochoa Félix, la mal llamada “Emperatriz de Los Ántrax”. Sus historias se entrecruzan en la “vida recia” que ofrece el crimen organizado a las y los jóvenes que mueren intentando alcanzar un mundo de oropel que sólo los aromados billetes del narco les hacen ver.
Por Redacción De Primera Noticias.
De acuerdo con informes de allegados al caso, fue la hermana de José Rodrigo Aréchiga Gamboa, El Chino Ántrax, quien viajó hasta la ciudad fronteriza de Nogales, Sonora, para recogerlo y traerlo hasta su terruño, el Culiacán que había abandonado a finales de 2013 para emprender un largo viaje por Europa que concluiría con su arresto en el aeropuerto de Ámsterdam, en la víspera de 2014.
Tras fugarse de la prisión domiciliaria de San Diego, en donde estaría poco menos ya de un año, puesto que su sentencia de siete años y tres meses se cumplía en abril de 2021, José Rodrigo viajó hasta el paso fronterizo de Nogales, en donde también había sido detenido un viejo amigo: Serafín Zambada Ortiz, en noviembre de 2013.
Ahí, según el rastreo que hizo la autoridad sinaloense, se encontró con su hermana Ada Jimena, una de las mujeres de su vida en el sentido fraternal, pues era sabido que El Chino profesaba un grande amor por su hermana y su madre, quienes nunca fueron vistas como personas vinculadas al bajo mundo.
Aréchiga Gamboa, en lugar de poner tierra de por medio, eligió como guarida la casa de dos plantas de su hermana, quien vivía en matrimonio con Jesús García Espinoza, hermano del finado diputado de Morena, Ocadio García Espinoza.
Pero, así como a otras mujeres que han estado cerca del “virus” Ántrax, los ejecutores del plan para eliminar al antiguo jefe de sicarios de la facción de Ismael El Mayo Zambada, su hermana mayor también fue ultimada la madrugada del pasado sábado 16 de mayo.
Una modelo con dramático final

En mayo de 2014, cuando Aréchiga Gamboa apenas llevaba cuatro meses de arresto en una celda de Holanda, mientras esperaba que las autoridades de ese país procesaran la petición de extradición a Estados Unidos, su expareja fue privada de la libertad saliendo de un gimnasio en Culiacán.
Se trataba de la tristemente célebre Yuriana Castillo Torres, con quien el Chino había procreado un hijo. Ella fue levantada la mañana del 6 de mayo de ese año.
Personas que se encontraban cerca del gimnasio del Desarrollo Tres Ríos, frente a Walmart, indicaron que la víctima se había bajado de un Jeep, en el momento en que sujetos armados que iban en una camioneta tipo panel la subieron a la fuerza.
Lo primero que saltó aquella mañana con los apellidos de la joven fue que era familiar de Javier Torres Félix y su hermano Manuel, El Ondeado, el primero de ellos todavía en la prisión de Puente Grande y el segundo finado por el Ejército en 2012.
Yuriana Castillo entonces tenía 23 años, era de nacionalidad estadounidense y de acuerdo con personas que la conocían y se despidieron de ella en redes sociales, la chica soñaba con convertirse en una gran modelo.
Más conocida por sus correrías en Instagram y en esa suerte de parafernalia narcótica que en Culiacán han bautizado como “farándula buchona”, al día siguiente unos paseantes reportaron muy temprano el hallazgo de un bulto en un predio baldío de la colonia Lomas del Boulevard.
Elementos de la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado de Sinaloa confirmaron que la víctima había muerto por ahorcamiento. El cadáver estaba enredado en sábanas y estaba amarrado con cables eléctricos, muy cerca de la preparatoria Ignacio Allende.
De acuerdo con testigos que esa mañana pasaban por el sitio, una camioneta bajó en reversa por el bulevar Paseo de las Palmas, entre Juan Aldama y Río Tabalá. Los sujetos se detuvieron frente al terreno baldío y dos hombres dejaron caer un bulto envuelto en sábanas blancas mientras gente que hacía ejercicio en la zona los observaba creyendo que tiraban basura.
Sus restos fueron sepultados en el cementerio Jardines del Humaya, famoso por los ostentosos mausoleos que resguardan a narcotraficantes como Amado Carrillo Fuentes El señor de los cielos y la Familia de Héctor El Güero Palma. Entre las coronas que llegaron a la funeraria de Montebello, estaba una que llamó la atención: “De tu esposo Rodrigo”.
La Emperatriz.... que no era emperatriz

Claudia Berenice Ochoa Félix se hizo famosa primero en las redes sociales, por aparentar esa vida de narcoglamour que atrapa a tanta gente en las garras del crimen organizado, y que en su mayoría no tiene una buena historia que contar.
Lo mismo le pudo haber pasado a la chica que un día escribió en su cuenta de Twitter: “Yo soy la Emperatriz de Los Ántrax”, y les dio motivo a centenares de medios digitales fuera de Sinaloa para comenzar a labrar una leyenda construida no sólo a base de mentiras, sino de suposiciones generadas por las imágenes que circulaban como ríos en Instagram y Facebook.
En el 2014, Ochoa Félix recorrió encabezados internacionales. Su segundo apodo, “La Kim Kardashian de Culiacán”, también iba acompañado de la dosis machista de que había sido mujer de varios hombres poderosos del narco: desde un individuo apodado El Chavo Félix, pasando por Dorian Trinidad León Angulo, hasta Rodrigo Aréchiga Gamboa, quien la inoculó con el “virus ántrax”, pues a la chica no le sobraba motivos para sentirse la “emperatriz” de la banda de sicarios.
Medios en Ingraterra, Italia, España y Perú contaron aquella ramplona leyenda de Claudia. En México medios que se precian de serios como El Universal, Reforma, Sinembargo.mx, entre otros, retomaron la historia para encumbrarla. En 2014, Claudia Ochoa se sintió acorralada y temerosa que le ocurriera algo a ella, a sus hijos o a su familia, decidió salir a dar una breve conferencia de prensa para negar todo y asegurar que ella no tenía ningún vínculo con la delincuencia organizada.
A lo sumo era una pequeña empresaria y madre de familia. Pidió, rogó, que ya no la mencionaran en las publicaciones, menos como la Emperatriz de los Ántrax, personajes con los que nada tenían que ver.
Pero en realidad, Ochoa Félix sí fue cercana a ellos, a esa “farándula buchona” que se conoce y se alimenta más de mitos que de realidades. Por años, el mundo la olvidó. La conferencia que dio aquella vez en un saloncito del hotel Executivo resultó. Ya los medios de comunicación dejaron de acosarla con historias inverosímiles.
Pero fue hasta la noche del 14 de septiembre de 2019 cuando la prensa retomó su historia, pero en esta ocasión para informar que la falsa emperatriz del sicariato sinaloense, había muerto; no de la manera violenta como suelen terminar estos casos, sino por uso excesivo de drogas, un pasón en medio de una parranda inabarcable.
El fiscal Juan José Ríos Estavillo salió a confirmar que de acuerdo con los estudios practicados al cuerpo de la “influencer de la farándula”, ella no había sufrido ningún ataque violento, sino por el contrario, dijo que su fallecimiento se debió a una asfixia por broncoaspiración, producto de la ingesta de bebidas alcohólicas y otras sustancias.
Ríos Estavillo dio a conocer que el hombre que la acompañaba proporcionó información detallada sobre el lugar donde convivieron y lo que consumieron. Sin embargo, se negó a proporcionar más detalles sobre las sustancias que habrían matado a Ochoa Félix.
Claudia, como muchos otros personajes que vivieron sumergidos en el mundo del narco, tuvo su fastuosa despedida funeraria, en donde muchos pudieron despedirla y ponerla como ejemplo a seguir.
“El Chino Ántrax” también gravitó en su vida, hasta el final.